Santificada por la Iglesia debido a su condena a los iconoclastas y odiada por arrancar los ojos a su hijo en su afán de poder, la vida de la Emperatriz Irene no deja indiferente a nadie.

Un Imperio complicado

La joven ateniense, debido a su matrimonio con el heredero imperial León IV, fue coronada Emperatriz Irene de Bizancio en el S.VIII. Una etapa difícil y belicosa en la que sus posesiones imperiales estaban siendo expoliadas y ocupadas por persas, búlgaros, turcos, eslavos y los recién formados árabes. En cuanto a su estabilidad interior, los acontecimientos tampoco le eran favorables a la joven emperatriz, sobretodo debido a una lucha fratricida entre dos interpretaciones religiosas, los iconoclastas (que no creían en las imágenes que representaban personajes divinos) y los iconódulos (que si creían en ellas, y las divinizaban).Tras el prematuro fallecimiento de su consorte fue alzada como única gobernante de este vasto, poderoso e inestable imperio. En los inicios de su reinado como regente (esperando a que su joven infante Constantino cumpliese la mayoría de edad) no faltaron tampoco las conspiraciones de los hermanos del difunto marido contra su persona y reinado, lo que aumentó sus problemas de gobierno.

La regente gobernaba con mano de hierro, confeccionando un gobierno leal entorno a su persona y eliminando del panorama político a todos sus detractores. Pero su hijo creció y se casó, no obstante para poder reinar tuvo que encerrar a su madre junto a sus consejeros, ya que no tenían ningún interés en cederle el puesto. Los dos primeros años del reinado del joven emperador Constantino VI (790-92) fueron marcados por una serie de derrotas militares, y este se vio obligado a traer de vuelta a su progenitora, nombrándola co-emperatriz. Pero Irene quería de nuevo todo el poder en su persona y para ello elaboró un astuto y maquiavélico plan, que su hijo fuese rechazado en su propio imperio. Con este fin hizo que Constantino repudiase a su esposa para casarse con una de sus camareras, escándalo que minó por completo su imagen a ojos de su pueblo.

Una acción imprudente, un castigo ejemplar

El emperador se vio tan asediado por las conspiraciones de su madre que decidió huir para reunirse con su leal ejército en Anatolia y así poder enfrentarse a ella y derrocarla. Pero Isabel se anticipó, lo capturó y castigó. Y fue en la misma sala en la que 26 años antes su progenitora le dio la vida, la Cámara Pórfida, en la que este se arrodilló para que ahora ella le arrancará los ojos. Amor de madre como nunca antes se había visto.

En la misma sala en la que 26 años antes su progenitora le dio la vida, la Cámara Pórfida, ahora le arrancará los ojos.

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