El primer zar de Rusia, Iván IV, ha sido uno de los individuos más tiránicos y homicidas que jamás haya visto nuestra historia. Su sobrenombre, el Terrible, sigue recordándonos que hace medio milenio existió un demonio que se sentó en el trono ruso, y que desde ahí acabó, de un modo patológicamente enfermizo, con miles de vidas inocentes.

Fue un monarca que atesoraba el poder, de manera absoluta, creando a su alrededor una corte completamente servil a sus dictámenes absolutistas. Ejecutaba a la población de un modo público, inhumano y arbitrario: hervía vivos a sus enemigos, les arrancaba la piel, los mutilaba hasta la muerte, los empalaba, mataba a las esposas de los traidores, ejecutaba a los generales que perdían sus batallas y le cortaba la lengua a los que le ofendían. Sentenciaba incluso a las personas que pensaba orarían la muerte de sus innumerables víctimas. Era un ser impredecible e inclemente, que ya desde su más tierna infancia arrojaba por las ventanas del Kremlin a animales vivos. Incluso llegó a matar a su propio hijo, sangre de su sangre e único heredero válido al trono.

Se dice que este ser murió como vivió, de un modo repentino y brutal, de un ataque de ira en soledad. Posiblemente muriese al morderse su lengua y envenenarse, como víbora que era, con su propio veneno.

Un país difícil

Iván IV nació en 1530, en una Rusia mucho más pequeña que la que conocemos, dividida en pequeños principados gobernados desde Moscú por un Gran Príncipe. La nación moscovita se hallaba en una situación de insultante inferioridad comparada con la Europa Occidental y de sometimiento por un poder militar que vivía al este de su territorio, los caballeros mongoles, que desde hacía siglos medraban los territorios rusos mediante saqueos, violaciones y matanzas indiscriminadas. Era una época oscura, convulsa, de conspiraciones en la corte (debido a las ambiciones de los príncipes) y penurias en las ciudades y aldeas.

Y fue Iván quién unificó al país. Quién amplió las fronteras y rutas comerciales con Occidente y mejoró la cultura y la vida de sus súbditos. Fue con este rey que se empezó a fraguar uno de los imperios más grandes de nuestra historia. Y todo esto empezó con el asedió de la, hasta entonces, impugnable Kassan tártara.

La gloria del Zar

En la batalla de Kassan, unos tres mil rusos se enfrentaron a más de treinta mil mongoles que, para más inri, se hallaban guarecidos en una fortaleza que jamás había podido ser tomada por ningún enemigo. Pero el ingenio militar del zar era más que flagrante y, acudiendo a su astucia, utilizó un arma secreta para acabar con las enormes empalizadas de piedra, la pólvora. Y para conmemorar esta heroica victoria mandó construir una monumental basílica, aún en pie a día de hoy, la Basílica de San Basilio. Cabe destacar que según la leyenda el zar quedó tan maravillado con la obra, y por miedo que en algún momento pudiesen crear un monumento más bonito que el suyo, le arrancó los ojos al arquitecto.

Iván se casó en 1547 con el amor de su vida, Anastasia, y con este matrimonio empezó el periodo más boyante que jamás hubo existido en ese reino. La victoria a los tártaros no solo significó que sus peores enemigos se transformaran en la minoría racial más pequeña del cada vez más extenso imperio, sino que además tenía un valor estratégico, el control del río Volga, que les permitió crear rutas comerciales con oriente más importantes y directas. Muchos de sus contemporáneos, al hablar de Moscú, la denominaban la Tercera Roma. Pero la locura, que ya había hecho gala el zar en sus disposiciones políticas y morales, explotó tras la muerte de su tan amada mujer.

iván el terrible película

Una infancia que creó a un monstruo

La infancia de nuestro protagonista vino marcada ya antes de su nacimiento. Su padre, el Gran Príncipe Basilii, insultó los valores eclesiásticos eliminando el divorcio como dictamen pecaminoso y casándose de nuevo tras veinte años de matrimonio sin descendencia. Debido a este hecho un hombre santo visitó al líder ruso y le lanzó una profética maldición. “Tendrás un hijo malvado, tu país será presa del terror y las lágrimas y correrán ríos de sangre”.

Tuvo una infancia difícil, perdiendo a sus dos progenitores con una corta edad (a su padre con dos años y a su madre con seis). Sin nadie que velase por él, tuvo que aprender a sobrevivir en una corte corrupta y engangrenada por la ambición palaciega, lo que le hizo sufrir múltiples abusos y maltratos, sobre todo por la nobleza boyarda (que ansiaban el poder real para su familia). Pero la impotencia se fue transformando, lentamente, en ira y rabia.

Se dice que el joven heredero a la corona comprendió el poder real que atesoraba en sus manos a los trece años, cuando azuzo a una jauría de perros contra uno de sus maltratadores boyardo. Entre gritos de súplicas y sangre entendió la naturaleza del poder despótico del ordenar a los fuertes atacar a los débiles. Sobre todo el poder que puede influir, desde su cargo de autoridad política, sobre los fuertes para que obedezcan sus leyes y despedacen a sus enemigos. Ya hacía tiempo que había entendido cuál era su legitimidad y la de su familia, emparentada con la familia Paleólogo, últimos emperadores de la Segunda Roma, Constantinopla. Y debido a ese poder divino rechazo el título de Gran Príncipe, otorgado por la familia más rica de Moscovia, la familia boyarda, y se auto-proclamó Zar (César).

Los perros salvajes del Zar

Tras la muerte de Anastasia se volvió completamente paranoico creyendo que había sido asesinada, como le ocurrió a su madre, hundiéndose poco a poco en la locura. Esta paranoia, mezclada con una sed absoluta de venganza, le hizo crear a sus más leales y feroces subordinados, reclutados de la pequeña nobleza de regiones nororientales de Rusia.

Eran su guardia personal y su ejército privado. Vestían túnicas negras y su símbolo era una cabeza de perro y una escoba (para oler a sus enemigos y barrerlos). Confeccionaron un estado policial bajo total dominio del zar, que tenía por objetivo encontrar, torturar, expoliar y ejecutar a todos los enemigos de la corona. Eran los opríchnik, e inauguraron el periodo más atroz de la historia de los zares rusos.

Fueron muchas las barbaridades que cometieron estos “perros salvajes” a lo largo de los siete años que estuvieron vigentes (1565- 1572), los más terribles de Iván y de donde surgió su leyenda. Mataron, torturaron, saquearon a miles de personas, pero fueron, son y serán conocidos a lo largo de toda la historia por un solo acto de barbaridad e inhumanidad total, la matanza y destrucción de toda una ciudad.

Su gran carnicería

Nòvgorod era una ciudad situada en el norte de Moscú, con buenas relaciones con el país vecino, la Lituania de los Caballeros Teutones. Esta situación le hizo creer al déspota monarca que le traicionarían tarde o temprano, y sus perros amaestrados sabían muy bien qué hacer con los posibles traidores. Avanzaron hacia la ciudad de un modo completamente secreto, matando a todos los comerciantes, campesinos o viandantes que tenían la mala suerte de cruzarse con ellos. El asedio duro cinco interminables semanas, donde las tropas zaristas torturaron y aniquilaron a casi todos sus habitantes.

Avanzaron hacia la ciudad de un modo completamente secreto, matando a todos los comerciantes, campesinos o viandantes que tenían la mala suerte de cruzarse con ellos.

iván el terrible y su hijo

Su gran pecado

Por si no fuera lo bastante terrible acabar con tantas vidas humanas, el Zar, antes de morir acabó con su propia dinastía, con su propio hijo, debido a un ataque de rabia tras el rechazo de su primogénito de contraer nuevas nupcias por dictado real. De un duro y seco golpe en la sien lo mató, y junto a él a su dinastía, puesto que su segundo hijo sufría un retraso mental, lo que le impidió ser zar tras la muerte de su padre. Y por casualidades de la vida, unos años más tarde, de la simiente boyarda, se confeccionó la dinastía Romanov.

La leyenda a debate

Al analizar la vida de este individuo nos damos cuenta de que nos hayamos frente a un enajenado. No cabe duda de que fue un auténtico lunático, ¿pero cuanta verdad hay en la leyenda negra de este cruel monarca?

Una cosa es segura, Rusia, durante el reinado del zar, creció económicamente, transformándose en una potencia real entre oriente y occidente, aumentando sus rutas comerciales en ambos lados, y empezando su inexorable avance en tierras siberianas con sus enormes bosques y depósitos de minerales. Y eso no pasó desapercibido para las potencias comerciales y militares europeas.

El avance militar ruso por tierras orientales era difícil y costoso, pero en sus fronteras occidentales la situación era muy diferente. El objetivo militar del zar no fue otro que el disponer de un puerto sin hielo durante todo el año, para así aumentar su poder comercial. Y el más cercano se hallaba a manos de la decadente Orden de los Caballeros Teutónicos en Escandinavia.

Fue una victoria militar rápida pero corta. Los teutones llamaron a sus aliados (suecos, lituanos, polacos y daneses), y todos ellos empezaron una campaña con único objetivo de denigrar a la figura real. De esta propaganda surge la mayoría de las características con las que hoy definimos a esa figura política, y el motivo real fue el miedo de competir en el mar del Norte con un país tan grande, con tantos recursos y en tan buena situación como lo era Rusia. Así pues, el prototipo de inhumanidad y brutalidad del zar fue creado con el único fin de denigrar su imagen. Además la figura de este sanguinario Zar le sirvió a los Romanov para legitimar su dinastía durante sus trescientos años de mandato. Pero estas pruebas no significan que no cometiese actos de auténtico salvajismo.

El asesinato de su hijo fue, sin lugar a dudas, uno de esos actos, pero incluso en el podemos encontrar cierta coherencia política. Al no poder avanzar militarmente por Occidente, y no encontrar ningún aliado comercial en las potencias europeas, el paranoico zar sabía muy bien de la imperiosa necesidad de una alianza matrimonial con otra corte europea. Su hijo era su única baza, y al estar casado con una familia poco poderosa, este le arrebataba su plan de alianza, y de ahí su brote psicótico.

Por último, pero no menos importante, la ciencia ha demostrado que el motivo del aumento de su paranoia y locura, la muerte de su malograda esposa, fue realmente un acto de asesinato mediante la utilización de veneno. Así pues, fue la ambición palaciega y los ya repartidos intereses mercantiles quienes crearon a este monstruo de la historia.

ivan el terrible viejo

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